Contemplar a María en su soledad es contemplar a una Madre que, en medio del dolor, permaneció fiel. No abandonó su lugar, pero permaneció de pie, con el corazón firme y totalmente entregado a Dios.
Como nos recordó nuestro pastor Monseñor Pedro:
“María permanece de pie al lado de la cruz, con firmeza, esa es una fidelidad silenciosa.”
Que Nuestra Señora de la Soledad nos enseñe también a permanecer fieles, de pie y con firmeza al lado de nuestras cruces.
¡Viva Nuestra Señora de la Soledad!
¡Viva Nuestra Madre!
